¿Quién era ése, el que te pasaba de largo, de ancho, y no podías mirar a los ojos?
me destapas/me desangro/ me tientas/y me caigo/me golpeas/me sobo/yo te escucho/te toco/te espero/y te desvaneces/y no soy ya sino nada sin tu pensar en mi/dependiente y a la vez que tengo la razón en que debiste/y no pagaste/yo te saldé/adiós
¿Quién era ése, el que te pasaba de largo, de ancho, y no podías mirar a los ojos?
Es responsable cada uno de nosotros de los actos que efectuamos cada segundo, cada día. Conforme pasan los años, la disposición a seguir haciendo las cosas, ahora más elaboradas y analizadas, es lo que nos mantiene ocupados y un poco más tranquilos. Estamos llenos de trabajos, llenos de futuro, llenos de responsabilidades y sueños. Nos ocupamos todo el tiempo de avanzar a ciegas ante un mundo que con tan poca luz no nos dejó ver los matices de las ocurrencias de nuestras cabezas y corazones. Imperceptiblemente, me he dado cuenta que mis acciones ya no son de diecinueve, pero para veinte le faltan kilómetros.
Me he renovado como nunca, y es por causa del destino, injusto pero no desfavorable para mí. ¿Me he percatado de mi alejamiento hacia ustedes?
¿Qué hacemos cuando llega la fortuna, y nunca hemos gozado de la dicha del entendimiento y la sabiduría? Degaste y refugio... malgasto y derrota... desenfreno y cansancio
Me refugio en ti, madreselva...
¿Cuantas lluvias separarán mi cuerpo del tuyo en líneas de algodón entretejidas, y brotará la confianza de dormir con las luces totalmente apagadas? Somos dos personas distintas, y pensamos a veces parecido, sentimos algo semejante, no sé la proporción, y por lo menos yo veo que las estrellas son ahora parte del menú del cielo. Dormir es sentirte mío, en todo sentido. Pero no sé si ser tuya todavía.
Te temo, cordura.