me idiotiza la idea, de no saber si fue bueno o malo lo que acabo de hacer. Le he disparado a la frente, sin lugar a una agonía inservible y malgastadora. Lo dejé ir, porque ya había hecho secretamente sus maletas, harto de mí y de mi amor por él, harto de mis palabras, mis llamadas después del trabajo, mis preocupaciones por su familia (F.A.D.A). En fin. Se lo dije sin una sola lágrima de más. Como cuando acepto que me equivoqué y no supe lanzar el disco correcto en la estaca correcta. Si lo único que da rabia absoluta es su enorme silencio, su enorme mirada de ultramar recóndita y sumisa a mis palabras, ni un asomo de tristeza real e infinita (como la que siento día a día), como si nunca realmente me hubiera amado de verdad. Nada. Ya no queda nada, siento que tengo un vacío estrepitosamente agrandado y neutro. Que las horas tocan en vez de TIC-TAC, su nombre, su voz, sus dramas y su secreta partida interior. Sentir que no influí en su vida, ni la cambié, ni le puse color, ni le dije lo necesario para que dsespertara de su sitial, se bajara y me viera como lo que soy, una súbdita amenazada por el frío. Un beso de sol que nunca más recibí, una caricia nocturna por deseo corporal, sin amor. Un vendaval de espinas y lanzas de veneno en mis ojos, como lágrimas de ácido en mi garganta, sin poder soltar el grito ahogante de mi llanto, como si ponerme el vestido rojo fuera celestial y disponible para sus antojos. Como si todo lo demás pudiera sobrar, y realmente sobra, si no tengo el mínimo de sus actos hacia mí, ya no queda ni la mínima parte de dignidad, autoestima ni vida que quería conservar.
lo he perdido. Y a él no le importará, si nunca le importó siquiera...
("Sha Mat"- Dios)
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1 comentario:
Transmites sabes? eres buenísima escribiendo, ojalá algún día llegue a escribir como tú, lo digo de manera muy sincera. Saludos y me hice seguidor ... sólo espero tu próximo post.
FELIPE
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